Alexander Duringer is a reformed English teacher from Western New York currently living in Raleigh, NC where he studies as an MFA candidate at North Carolina State University with a concentration in poetry. He received his Masters in English Education from SUNY Buffalo in 2015. He is a winner of the Academy of American Poets Prize and received an Honorable Mention for the Dorianne Laux Prize for Poetry. In addition to this poem in Passengers Review, his poems have appeared or are forthcoming in The South Dakota Review, &Change, Plainsongs, Cola Literary Review, The Shore, and Poets.org among others.
Portrait of Juan Antonio Pérez Bonalde, from Ritmos
I.
LA LIRA Y EL ARPA.
¿ Y podrás, lira mia,
En tus débiles cuerdas el rugido
Hallar del aquilon ; el estampido
Retumbante del trueno,
Cuando su fragorosa artillería
Barre de seno en seno
La combatida bóveda sombría ! ….
¿ Podrás el ronco acento
Hallar del mar sañudo y turbulento,
Y la potente fibra
Que en la gigante cítara del viento,
Con rudo plectro la tormenta vibra ?….
¿ Podrás, en fin, de Heredia peregrino,
Hallar la fuerte, la robusta nota
Y el impetuoso grito de entusiasmo,
Tú, pobre lira rota,
Para alzar inmortal canto divino
Al rey de los torrentes,
Gala de un mundo y de los hombres pasmo,
Niágara atronador que hoy se levanta
Circundado de glorias esplendentes
Ante mi vista deslumbrada, y llena
El alma mia de pavor sublime,
Y enmudece la voz en mi garganta
Y con su inmensa majestad me oprime ?.
¡ Qué importa ! Si la altiva, la serena
Musa inmortal de Píndaro y Quintana
Me negare, tirana,
Sus divinos favores,
Me quedas tú, sombría
Diosa de los poéticos dolores,
Númen inspirador de la elegía !
Sí, tú me quedarás, tú siempre fuiste
En el desierto de mi vida triste,
Mi columna de sombras por el dia,
Y mi encendida nube por la noche ….
Ven á mis manos, pues, ven, arpa mia,
Que ya en mi pensamiento abre su broche
Bajo el beso fecundo
De la alma inspiracion, la flor del canto !
Ven, entre llanto y llanto,
A referirle al asombrado mundo
De lo sublime el inmortal poema,
La soberbia belleza que dilata
En noble aspiracion el pecho triste,
Y la emocion suprema,
Y el horror misterioso que sentiste
Al borde de la inmensa catarata !
II.
EL RIO.
Azul, ancho, sereno,
Espejo de los cielos que retrata
En su límpido seno,
De majestuosos pinos coronado,
Al blando murmurío
De espumas de cristal y ondas de plata,
Sonoro y sosegado,
Regando aromas se desliza el rio.
Y vaga el viajador por sus riberas
Oyendo los suspiros de las aves
Y las notas süaves
De las brisas ligeras
Que vienen á empujar sobre las ondas
El ancho lino de las blancas naves.
Todo es paz en la tierra
Y todo luz en las etéreas blondas ! ….
¿ Oís ? … Allá, á lo léjos,
Algo como un rumor, sordo, perdido ….
¿ Qué será ese rüido ?
¿ Será el viento en la sierra,
Precursor de los cárdenos reflejos
Del rayo asolador ? …. No ; el horizonte
Sereno resplandece, y ni una nube
Se cierne sobre el monte.
Escuchad cómo sube….
Va creciendo por grados, va creciendo ….
Ya no es ruido lejano, ya es estruendo
Que el ámbito ensordece,
Y á medida que crece,
Va la linfa perdiendo
Su serena quietud ; ya las espumas
No son las blandas, las ligeras plumas
Que adornaban, graciosas,
La inmaculada frente
De la mansa corriente :
Son oleadas ruidosas,
Son roncos hervideros bullidores
Que rugen, que se encrespan, que batallan,
Y al chocarse entre sí, ráudos estallan
En mil penachos de irritada espuma
Que reflejan del íris los colores.
Y es en vano el luchar ; la fuerza suma
De un poder misterioso, oculto, interno,
Sin cesar los sacude, los agita
Y al fin los precipita
En espumante remolino eterno.
Vórtice arrobador, bello, horroroso,
Que hace olvidar, al contemplarlo mudo,
El trueno misterioso
Que ya cerca retumba
Con ímpetu sañudo ….
Blanco vapor se eleva
Sobre el nivel del agua, allá á lo léjos,
Do con fuerza mayor el trueno zumba ;
Y la corriente embravecida lleva
Del encumbrado sol á los reflejos,
Pinos de sus orillas arrancados,
Cascos de naves, míseros despojos
Por su implacable cólera arrastrados.
De pronto, un torbellino
De vaporosas chispas, invadiendo
El aire cristalino,
En lluvia azotadora el rostro os hiela
Y os baña, y os hostiga y os flagela
Al ronco son del pavoroso estruendo ! ….
No deis un paso más ; cerrad los ojos,
Que no os trastorne el vértigo la mente ….
Bajad por la colina ….
Ahora abridlos, y postráos de hinojos !
III.
EL TORRENTE.
Niagara Falls From Juan Antonio Pérez Bonalde’s Ritmos
¡ Oh espectáculo inmenso ! oh sorprendente
Panorama de horror y de hermosura !
Oh inenarrable escena peregrina
Que á un tiempo el llanto y la sonrisa arranca !
Falta al pecho al aliento ; la luz pura
Falta á los ojos por exceso de ella,
Y la sangre se estanca
Y al corazon se agolpa y lo atropella …
Oh ! qué sublime horror ! el ancho rio,
Desde escarpada, gigantesca altura,
En toda la extension de su pujanza,
De súbito se lanza
En el abismo fragoroso y frio !
Paso ! Paso al coloso !
La amedrentada tierra
Gime bajo su peso ; el ponderoso
Raudal se precipita,
Y tras breve batalla,
Cuanto su marcha cierra,
Cuanto á sus piés palpita,
Colinas, valles, árboles, peñones,
Rompe, tala, avasalla,
Y triunfador altivo, sus blasones
Despliega al orbe que, agitado y mudo
De admiracion, lo acata ;
Digno blason de su glorioso escudo :
En campo azul, vorágine de plata !
Ved cómo tiembla la humillada roca
Y el combatido centro del abismo
Cuando su seno toca
Con el rudo fragor del cataclismo
La desprendida mole del torrente !
Lago de espuma hirviente,
Como vasto incensario,
Alza eterno plumaje
De flotantes y fúlgidos vapores,
En severo homenaje
A la deidad terrible del santuario :
Al dios de los abismos bramadores,
Al númen dueño del cerrado arcano
Que guardan en su seno oscuro y frio
Las simas, y los antros, y el oceano,
Las sombras y el vacío.
¿ Dó te ocultas, deidad atronadora ?
En que confin perdido del torrente
Tienes tu húmedo lecho,
Para volar ansioso y diligente
A tu encuentro feliz ! Sí, ya la hora
Sonó de interrogarte frente á frente ;
Sí, yo tengo el derecho,
Como cantor, como hombre,
De venir á tu lóbrego palacio,
De la verdad en nombre,
A pedirte el secreto del abismo,
Ese enigma profundo
Que debe ser el mismo
Que, no resuelto aún, lleva en el pecho
El mísero mortal en este mundo :
La rebelion, la duda, la agonía
Del corazon en lágrimas deshecho ! ….
¡ Genio, responde á mi clamor, responde !
¿ Por dónde, dí, por dónde
Se va hasta tí ? La fria,
La inmensa, la impetuosa catarata
Que en lluvia de diamantes se desata
Al descender al antro furibundo ,
Con su raudal frenético me esconde
Los umbrales de plata
De tu oscuro palacio :
El estruendo iracundo
Ensordece el espacio,
Y la agitada espuma
Me azota el rostro y por doquier me abruma.
IV.
SUB UMBRA.
¿ Por qué, por qué en mi auxilio
No vienes hasta mí ? …. ¿ Dó estás, Virgilio ?
Tú , que guiaste al profundo,
Como padre y maëstro,
Al monarca del estro,
Al animoso bardo florentino !
Ven, tiéndeme la mano,
Ven, muéstrame el camino ….
Nadie ! .. ni un alma..ni una voz ! En vano
Fué mi clamor..¡ Qué importa ! Nunca alarde
Hizo de temerario el bardo triste ;
Mas nunca fue cobarde,
Que su valor resiste
A todos los embates de la suerte,
Pues á más de profeta,
Sacerdote y caudillo,
Es la mision sublime del poeta
Ser héroe denodado, aunque sencillo,
Y vencedor del tiempo y de la muerte !…
¡ Adelante, alma mia !
Allí, junto al peligro está la boca
De la sima profunda….
Fe, valor, osadía !
Ya el pié resbala en la musgosa roca,
Ya la lluvia iracunda
Me flagela la frente ….
Este es mi Sinaí relampagueante,
Este es mi Oreb ardiente ! ….
Adelante ! Adelante !
¡ Qué horrorosa caverna !
¡ Qué espantoso rüido !
Aquí tienen su nido
La oscuridad eterna,
El torbellino airado,
La fragorosa espuma,
El Aquilon helado,
La sufocante y cegadora bruma ! ….
¡ Adelante, adelante ! Allá en el fondo
La sombra es más intensa,
El rugido más fuerte,
La atmósfera más densa
Y más cerca al espíritu la muerte.
Allí, allí está el hondo
Santuario en que se oculta
El dios de la terrible catarata !
¡ Cómo llegar á él !…. En arco enorme
Que en el vórtice hirviente se sepulta,
Sobre mi frente pálida, tendida
Cual bóveda de plata,
Pasa la mole rápida y deforme
De la corriente al báratro impelida.
Bajo mis piés se escapa
La resbalosa peña
Que sirve, artera, de engañosa capa
A la muerte en sus grietas escondida.
El vértigo se adueña
De mi turbada mente…
Un paso más ….y terminó la vida !
V.
EL ECO.
IIéme aquí frente á frente
De la espesa tiniebla desde donde
Oirme debe la deidad rugiente
Que en su seno se esconde :
—” Dime, Genio terrible del torrente,
¿ Adónde vas al trasponer la valla
Del hondo precipicio,
Tras la ruda batalla
De la atraccion, la roca y la corriente ? ….
¿ Adónde vá el mortal cuando la frente
Triunfadora del vicio,
Yergue, al bajar á la mundana escoria
En pos de amor, y venturanza y gloria ?
¿Adónde, van, adónde,
Su fervoroso anhelo,
Tu trueno que retumba? ….
Yel eco me responde,
Ronco y pausado : tumba ! —
¡ Espíritu de hielo,
Que así respondes á mi ruego, dime :
Si es la tumba sombría
El fin de tu hermosura y tu grandeza ;
El término fatal de la esperanza ,
De la fe y la alegría ;
Del corazon que gime
Presa del desaliento y los dolores ;
Del alma que se lanza
En pos de la belleza,
Buscando el ideal y los amores ;
Despues que todo pase,
Cuando la muerte, al fin, todo lo arrase,
Sobre el oceano que la vida esconde,
Díme que queda ; dí, qué sobrenada ? ….
Y el eco me responde,
Triste y doliente : nada !
— Entonces ¿ por qué ruges,
Magnífico y bravío,
Por qué en tus rocas, impetuoso, crujes
Y al universo asombras
Con tu inmortal belleza,
Si todo ha de perderse en el vacío ? ….
¿ Por qué lucha el mortal, y ama, y espera,
Y rie y goza, y llora y desespera,
Si todo, al fin, bajo la losa fria
Por siempre ha de acabar ?.. Díme ¿ algun dia,
Sabrá el hombre infelice dó se esconde
El secreto del sér ? .. ¿ Lo sabrá nunca ? ….
Y el eco me responde,
Vago y perdido : nunca ! —
Adios, Genio sombrío,
Más que tu gruta y tu torrente helado ;
No más exijo de tu labio impío,
Que al alejarme, triste, de tu lado,
Llevo en el cuerpo y en el alma frio.
A buscar la verdad vine hasta el fondo
De tu profunda cueva ;
Mas, ay ! en vez de la razon ansiada,
Un abismo más hondo
Mi alma desesperada
En su seno, al salir, consigo lleva….
Ya sé, ya sé el secreto del abismo
Que descubrir queria ….
Es el mismo, es el mismo
Que lleva el pensador dentro del pecho :
La rebelion, la duda, la agonía
Del corazon en lágrimas deshecho !
VI.
¡ HOSANNA !
Y léjos de la gruta el paso guio
Contra el azote del raudal luchando.
Ya fuera estoy del ámbito sombrío !
Oh ! qué bella es la luz ! qué hermosa, cuando
Salimos del horror de las tinieblas ! ….
Ved como juega en çírculo brillante
Sobre las blancas nieblas
Que circundan la frente del gigante !
Ved los tintes que toma,
Segun viene á su encuentro,
Ya en penacho de pluma,
Ya en velo de cristal ó en lluvia fina,
La vaporosa espuma
O el agua cristalina.
Aquí, en el ancho centro,
Ostenta los colores
Del cuello tornasol de la paloma ;
Allá es verde esmeralda,
Abajo, azul de límpido zafiro ;
Y vista de lo alto,
Es mágica guirnalda
De irisados fulgores,
De la ovacion en el revuelto giro
Al pié arrojada del augusto salto ! ….
—
Y pensar, y pensar que tal tesoro,
Tánta regia hermosura,
Traidora esconda como sirte oscura
En su seno insondable,
Inflexible á la súplica y al lloro,
A la amenaza fiera, al canto tierno,
La muerte inexorable,
La eterna sombra y el olvido eterno …..
—
¡ Ay de aquel que, inocente,
Se deje fascinar por su belleza,
Y con pié descuidado
Se aproxime al torrente !
¡ Ay de tí, trovador entusiasmado
Por la ideal grandeza
En que tu alma se inspira,
Si á tus sueños de gloria abandonado,
No combates el vértigo que gira
En tu encendida y deslumbrada mente !
¡ Ay de tí, pobre nauta,
Si tu barquilla incauta
Toca al borde traidor de la corriente ! ….
¡ Ay de tí, criminal de manos rojas,
Si, huyendo de la ira
De la justicia humana,
O de la faz tirana
De aquellos, ay, que por tu causa gimen,
Con ánimo imprudente
A cruzarlo te arrojas ! ….
¿ Qué le importa al abismo oscuro y hondo,
Si es escogido ó réprobo el que espira,
Si es la virtud ó el crímen,
El puñal ó la lira,
Lo que arrastran las aguas á su fondo !
—
¡ Quién como tú feliz, Niágara undoso !
¡ Quién como tú, glorioso !
Tienes, para tu orgullo,
Y para orgullo que jamás perece
De la libre region que se adormece
Al rudo son de tu gigante arrullo,
Un continente, un mundo por imperio,
El abismo por trono,
Por escabel la sombra y el misterio ;
Por himno de victoria
Del trueno eterno el pavoroso tono ;
La hermosura suprema
Por cetro de tu gloria ;
El íris rutilante por diadema ;
Por incienso, el vapor de hirviente plata
Que, en elástica nube,
Eternamente sube
Del hondo seno oculto
Al choque de la rauda catarata ;
Por sacerdotes sumos de tu culto
Los genios de la tierra,
La lira y los pinceles ;
Y por vasallos fieles
Las razas, las naciones,
Y las generaciones
De asombro mudas, que el planeta encierra !
VII.
HOMBRE Y ABISMO.
¡ Quién como tú feliz, Niágara undoso !
¡ Quién como tú, glorioso !
Mas á pesar de tu grandeza suma,
A pesar de tu insólita belleza,
De tu trueno, y tu vortice, y tu bruma,
A pesar de tu indómita fiereza
Y tu poder sin nombre,
Tú no eres más que yo, ni más que el hombre !
Tú eres la imágen viva
De la proscrita humanidad altiva ;
Tú eres el hombre mismo
En escala aumentada,
Por eso, cuando ansioso de adueñarme
Del secreto del sér bajé á tu abismo,
¿ Pudiste acaso darme
La clave deseada ? …
Nada supiste responderme, nada ;
Que lo que el hombre ignora
Lo ignoras tú tambien :
Tras el radiante
Velo de tu hermosura arrobadora
Escondes tú de la mortal mirada
Tu musgo, tu pantano,
Tu limo y tus horribles asperezas ;
Y el infeliz humano,
Detrás de sus quiméricas grandezas,
Oculta, agonizante,
La inocencia perdida
Y el fango y las miserias de la vida !
Tú sales rumoroso, azul, sereno,
De las fuentes del rio,
Y luego impetüoso, desbordado,
Te despeñas, colérico, en el seno
Del abismo sombrío ;
Así el niño mimado
Sale puro, inocente,
De bajo el ala maternal ; mas luégo,
El pecado lo arrastra en su corriente
De calcinante fuego,
Y víctima del mal y las pasiones,
Rueda al fin, inconsciente,
Del dolor á las lóbregas regiones !
—
Tú tienes tus vapores deslumbrantes
Tus nubes ondulantes
Que, audaces, un momento el aire hienden
Por subir al azul, y al fin, cansadas,
Tras vano batallar, raudas descienden
En gotas sin color al centro frio ;
Tambien el hombre tiene sus doradas,
Flotantes ilusiones ,
Sus locas ambiciones
Que lanza, alucinado, en el vacío
De sus sueños quiméricos ; vapores
Que bajan luego en lluvia de dolores,
En lágrimas heladas á su frente ! ….
—
Tú tienes tu estridente,
Fatídico rugido,
Tus simas, tus cavernas,
En donde el viento brama,
En donde da la ola
Con lúgubre rüido ;
En el alma del hombre
Desesperada y sola,
Tienen tambien su nido
La duda, las internas
Rebeliones sin nombre ;
El ara húmeda y fria
Do la apagada llama
De la fe un tiempo ardia ;
Cenizas de memorias
Ya en fango transformadas,
De sueños y de glorias,
De cerúleos amores,
De esperanzas rosadas ,
De apariciones blondas ….
Simas tal vez más hondas
Que todos tus horrores !
Tú ostentas en tu frente majestuosa
El íris luminoso de los cielos
Que en círculo te ciñe, cual diadema
De oro y zafir, y de esmeralda y rosa !
Y al hombre triste, en medio de los duelos
De su lucha suprema,
Lo corona en señal de nueva alianza
El íris del amor y la esperanza !
VIII.
LA POESIA.
Viene el invierno rígido, inclemente,
De los climas boreales
Donde sientas tus reales,
Y te azota la frente,
Y congela su aliento tus espumas,
Y convierte tus brumas
En columnas prismáticas de plata,
Donde la luz del cielo
Se quiebra y se dilata
En un mar de cromáticas centellas
Que te envuelven, amantes, como un velo
Tachonado de estrellas,
Como un jiron del íris arrancado
A la aurora magnética del Polo !
Todo en torno de tí, todo esta helado;
Todo respira el frio de la tumba
Solo tu empuje, tu torrente solo
Resiste al enemigo
Y en el silencio, indómito, retumba ..
Jamás ! jamás te alcanzará su ira ;
Todo á tus plantas morirá ; tú, en tanto,
Te alzarás inmortal, como testigo
Solitario del fin ! …. Así la lira,
Así del bardo el inspirado canto !
Ni el tiempo, ni la negra tiranía
Ni el martirio, ni el llanto,
Podrán jamás helar la poesía
En el alma del mundo ;
Por que es ella, ella sola,
El Ideal fecundo
Detrás del cual la humanidad se lanza ;
La infatigable ola
Que eternamente gime
En la arena del mar de la Esperanza ;
El Cristo que redime,
El Honor que enaltece,
La Virtud que consuela,
La Libertad divina que ennoblece.
Es ella el Arte que al mortal revela
La Belleza increada ;
La Ciencia que debela
La sombra que á los astros oscurece ;
La Luz que en la mirada,
Cuando la forma del Amor reviste,
Se refleja radiante,
Y dá consuelo al triste,
Descanso al caminante,
Linfa pura al sediento,
Al desnudo , calor, pan al hambriento.
—
Es la eterna tendencia,
Es la constante aspiracion del hombre
A algo mejor, más puro,
Más noble, más hermoso, más perfecto
Algo intangible que no tiene nombre,
Más allá de la ciencia,
Más allá del afecto,
Más allá de lo claro y de lo oscuro :
Algo infinito que jamás se trunca,
Siempre más, siempre más, .. el linde nunca !
Es el brillante prisma diamantino
Por el cual, en la tierra,
Todo se mira del color del cielo,
El Ideal, en fin, puro y divino,
Que los sueños encierra,
Ancho, dorado, luminoso velo
Que en el alma sin fé, desesperada,
Benigno, oculta á la mirada impía
El tenebroso abismo de la nada.
Tal es la Poesía !
Tal es el Ideal que en tus raudales
Ví reflejado, Niágara tremendo ! ….
IX.
DIES IRE.
Mas todo al cabo pasa, todo acaba
(Ménos la eterna, olímpica armonía
Del bello dios del día) ! ….
Tú tambien pasarás : tu ronco estruendo
Irá, al fin, á perderse en las eternas
Regiones del vacío ; tus caudales
Luego se secarán á las internas
Couvulsiones plutónicas del globo ;
Y allí donde admiraba
El bardo altivo, en entusiasta arrobo,
Tu fragoroso abismo,
Tu remolino hirviente, tus espumas
Y tu sin par belleza,
Entre ominosas brumas
Y pálidos despojos ,
Con amarga extrañeza
Solo verán los conturbados ojos
Las huellas del horrendo cataclismo !
—
Yo pasaré tambien ; irá mi canto
A extinguirse en el seno de la muerte
A donde todo vá ; y allí do ardia
La sacra inspiracion, el estro fuerte
Del infelice bardo que su llanto
Supo olvidar un dia
Para cantar tu gloria,
Solo habrá vil escoria,
El polvo de una lira confundido
Con el polvo del muerto,
Y el eco de un sonido
Perdido entre los ecos del desierto!
Julio 4. 1880.
Cataratas del Niagara,
(Clifton, Canada)
Source: Juan Antonio Pérez Bonalde. Ritmos. New York: [s.p.], 1880
From Frank Severance’s Old Trails on the Niagara Frontier:
[….]have place among our Niagara poets. So, conspicuously, has Juan Antonio Perez Bonalde, whose illustrated volume, “El Poema del Niagara,” dedicated to Emilio Castelar, with a prose introduction of twenty-five pages by the Cuban martyr José Martí, was published in New York, reaching at least a second edition, in 1883
John Newmark lives in St. Louis, Missouri with his wife and two children. An avid family historian, his 5th great grandfather, McGregory Vanevery, was one of the original settlers of Niagara, Ontario. He enjoys writing poetry about his ancestors, and the places they lived. Visit his website.
Unknown group having a picnic in Queen Victoria Park, Niagara Falls, July, 1927 From the Niagara Parks Commission Collection, Niagara Falls Public Library
Forceful rush of water, loud
flowing toward the precipice,
I stood alongside the grassy edge
of the Niagara River, shoes kicked off,
toes independently investigating
blades of grass and dandelions.
Standing away from a blanket
spread with our wicker picnic
basket, cloth napkins and cooler,
my mother’s eyes were shadowed
behind dark glasses, but I knew
they were on me and the wild
river behind, the smell of
a steel plant, an acrid invasion
to mingle odors with moisture filled air.
So close to the water, she shook her head
when I begged to wade, not knowing
the demon force would sweep
a child away like so many memories.
We picnicked with a game
of brightly colored rings, tossed
to my father and to my brother
who leapt up to catch the red one.
My mother sedentary in contrast to
the activity of family games
beside the raging river.
Julie A. Dickson
Niagara River 1965 written 2018, previously unpublished.
Julie A. Dickson is originally from Buffalo, NY. Her father’s family was from Guelph and Vineland Station, Ontario, Canada in the late 1800’s, they founded the Culverhouse Canning Factory there. Dickson lived near Lake Erie and Niagara Falls until her early teens, when her family relocated to Massachusetts. Always the lakes-girls, her poems often reflect in memories of Lakes Ontario and Erie, and visiting the falls. Her poems appears in many journals including Ekphrastic Review, Misfit, Open Door and others; full length works on Amazon. Dickson has been a guest editor, past poetry board member, is an advocate for captive elephants and shares her home with two rescued cats.
Julie A. Dickson was the guest editor of the Ekphrastic Review challenge to write a poem inspired by Frederic Edwin Church’s painting Niagara, 1857. See a page about ekphrastic poetry, including the poems from the Ekphrastic Review
Niagara is a revelation of the cosmos to each and every man.
— David C. Huntington
Sure, I’ll breathe poetry there. My mind will be an embouchure
through which your powerful waters pour thunder. I will hear
nothing else, not the sharp sound waves spearing my bellows,
nor honeymooners whose croons you swallow into white foam
and spew out as a shimmering arch of rainbow. You’ll teach me
about the cosmos by proving the paradox of water in motion:
that its motion is a stillness, that its stillness is ever in motion.
My body will be a speck of silence swallowed by your howling
emerald olivine chrysoberyl pale blue ice snowy pinnacles,
your ten-thousand-year-old ceaselessly cataracting avalanche,
your constant breath ever billowing through one diapason,
yet not one prism in your mist ever splits light the same way.
Like that bared jagged root snagged on your brink, I’d abide
inside your relentless remaking. Eyes on a digital or hands
on a canvas covered with smooth strokes would never equal
the whole of me, mind, body, heart and soul, all immersed
in the whole of your eloquence greater even than my whole
world, you patient shale-shaper, finale of the Niagara River,
you Ice Age’s fossil water, you rhapsody of ancient glaciers
ever burgeoning into new birth, you under whose arcades
lovers sport crowned with bright sprays, you whose sheer
impetus splashes the sun’s and moon’s incandescent faces,
I keep calling you Whirlpool, Horseshoe, Luna Falls, Iris Falls
and you chant to purple clouds a booming Gravity is Grace.
Lucie Chou is an ecopoet working in mainland China. Currently an undergraduate majoring in English language and literature, she is also interested in the ecotone between ekphrasis and ecopoetics, and in exploring the magic presences of other-than-human living beings bleeding into the lonely arrogance of human experience. Her work has appeared in the Entropy magazine, the Black Earth Institute Blog, the Tiny Seed Journal website, The Ekphrastic Review, Transom, and in the Plant Your Words Anthology published by Tiny Seed Press. A poem is forthcoming in from Tofu Ink Arts, both in print and online. She has published a debut collection of ecopoetry, Convivial Communiverse, with Atmosphere Press. She hikes, gardens, and studies works of natural history by Victorian writers with gusto. In August 2023, she participated in the Tupelo Press 30 / 30 project where she fundraised for the indie press by writing one poem each day for a month. She writes for a constellation of brilliant readers hopefully including street trees and feral animals she encounters in each city she travels to.